la newsletter de Yilania, n° 0 sep.-dic. 2008

3. el cuerpo

3.2 La violencia contra las mujeres y la relacion entre los generos

En Italia, tomando la autopista de Faenza en dirección a Bologna, después de recorrer algunos kilómetros a la derecha aparece un enorme cartel publicitario. Considerando la velocidad a la que viajan los autos, el impacto es inmediato y no deja espacio para la reflexión. La escena representada en la publicidad propone como protagonistas a un hombre y a una mujer. Ella, en lencería íntima y con las piernas abiertas, la cara bruscamente girada a un lado como después del impacto de una cachetada inesperada, las manos pasivas e impotentes, probablemente atadas detrás de la silla. El en traje, aspecto de manager, cara oscura e imperceptible, con actitud de carcelario lleva en mano un enorme garrote fálico de color negro. "Maéstrame", es el nombre de la publicidad de lencería íntima.

La sexualización del espacio público
El fenómeno de la sexualización del espacio público - afirma Anja Hirdman, investigadora del Departamento de Periodismo, Medios y Comunicación de la Universidad de Estocolmo - que ha penetrado en todas las sociedades modernas industrializadas, tiene consecuencias devastadoras para la relación entre los géneros. Las construcciones simbólicas de lo femenino mediante la representación mediática del cuerpo de la mujer no influyen solamente en la psiquis femenina, sino también en aquella colectiva, de todos los sujetos sociales. La llamada "ausencia del masculino" en publicidad de este tipo, no es más que la invisibilidad propia del sujeto omnipresente, que determina los gestos, las poses, la mirada y el sentir de la mujer. Probablemente por este motivo, una propaganda como la de "Maéstrame" tiene un impacto tan fuerte: la representación del masculino es extrañamente visible, revelando una de las modalidades de relación entre los géneros más reforzada culturalmente: la violencia.

Las representaciones de género no se refieren a individuos singulares sino a modalidades de relación social, por lo que, si se representa a la mujer como pasiva, el hombre será representado activo, aunque visualmente puede permitirse la invisibilidad. Si se representa a la mujer como presa, al hombre se lo hace cazador. Dichas representaciones asocian el sujeto femenino a la pasividad, a la sumisión, a la accesibilidad del propio cuerpo, y el sujeto masculino al dominio y al abuso de poder, a la imposición de instintos considerados naturales, cuya expresión no garantizan el reconocimiento del Otro. Dichas representaciones impiden una relación interpersonal verdadera y el reconocimiento recíproco de las subjetividades, dando relevancia central a la gestión del poder, cuya balanza sabemos ha sido históricamente falseada.

Aceptamos la pornografía soft porque acostumbrados al continuo flujo de sus mensajes y la legitimamos alegando se trata de libertad de expresión estética. Pero de pornografía soft se trata ya que el núcleo característico que le otorga esta propiedad es la accesibilidad del cuerpo femenino y el deseo sugerido por poses y miradas. Más precisamente, la sexualización - dice Anja Hirdman - se refiere a un proceso mediante el cual un significado cultural e histórico interpretado como sexual, o que representa un aspecto de la sexualidad, por ejemplo un gesto, una pose, una ropa, una mirada, es aplicado a alguien o a algo. Un fetichismo sexual representado normalmente por un determinado género (femenino), un determinado cuerpo (modelo), una determinada edad (periodo preadolescencia o adolescencia) y vinculado a un determinado objetivo: el consumo

De la sexualización a la violencia: algunos datos estadísticos
La legitimación de la violencia de género, es decir, la violencia que ejercen hombres sobre mujeres por ser mujeres, al día de hoy se refuerza sobretodo a través de la sexualización del espacio público y de la re-producción de estereotipos, y afortunadamente no más a través de las instituciones que reconocen en tal violencia un delito o crimen punible por la ley. Pero no obstante haya cambiado el contexto jurídico nacional e internacional, los prejuicios culturales permanecen prácticamente invariados.

En el inconsciente colectivo la violencia de género permanece un "fenómeno aislado" que sucede a "pocas mujeres sin suerte", aunque las recientes encuestas del ISTAT nos demuestran que en Europa 1 mujer de 3 es víctima de violencia y que la violencia es la principal causa de muerte en las mujeres. 6 millones 743 mil mujeres entre los 16 y los 70 años han sido víctimas de violencia física o sexual en el curso de la propia vida; el 68,3% de la violencia doméstica sucede en casa de la víctima. Solo el 18,2% de las mujeres que han sufrido violencia física o sexual en familia considera la violencia padecida un delito, el 44% algo incorrecto y el 36% solo algo que pasó. En la mayoría de los casos (98%) el autor de la violencia es una persona conocida, principalmente la pareja.

El delito de honor y su legado cultural
El abuso y la manipulación cultural y política del cuerpo de la mujer, percibido como propiedad y objeto social, no son fantasmas aún por exorcizar de grupos aislados de mujeres todavía obsesionadas con la igualdad de oportunidades, como muchos gustan decir. Es la denuncia de lo que sucede en nuestro presente, del abuso que nos ha quedado como herencia cultural de un pasado reciente.

En Italia, el artículo 587 del Código Penal Rocco permitía que el homicidio de una mujer (esposa, hija, hermana) fuera sancionado con penas atenuadas respecto al homicidio de una persona asesinada por un motivo distinto al de salvaguardar el honor personal o familiar. Ciertos comportamientos, como el adulterio cometido por una mujer, eran considerados una deshonra así como actos de provocación, cuya "reparación" la sociedad percibía como legítima.
Además, regía la institución del "matrimonio reparador" que implicaba la extinción del delito de "violencia carnal" si el violador se casaba con la víctima, menor de edad, evitando de ese modo un daño al honor de la familia de ésta.
No antes del 5 de agosto del 1981 con el artículo 1 de la ley 442, la violencia sexual dejó de ser un delito cancelable mediante el matrimonio. Han pasado solo 27 años, y solo sesenta y un años desde cuando una mujer llamada Franca Viola por la primera vez rechazó el matrimonio reparador.
No obstante haya sido superado lo que podría considerarse un abuso constitucional, las encuestas del ISTAT demuestran que las violaciones las cometen sobretodo las mismas parejas de las víctimas dentro de las paredes domésticas. Frente a dicha evidencia, no son sostenibles las suposiciones eficazmente manipuladas por la política que ven en la presencia del hombre extranjero, el inmigrado (chivo expiatorio), la causa absoluta de la violencia en nuestras sociedades.

La victimización secundaria
Kathy Doherty e Irina Anderson respecto al tema del razonamiento social sobre la violación, evidencian como las reacciones comunes de la gente a los delitos de violencia sexual expresan por lo general juicios negativos hacia la víctima y no hacia el violador. Este fenómeno se denomina "victimización secundaria" y sucede cuando la comunidad induce la víctima a sentir vergüenza y a sentirse cómplice de dicha violencia. Las consecuencias en las víctimas son desastrosas y pueden durar una vida entera: hasta el 80% de las víctimas de violación presentan síntomas que corresponden al PSD (Post Traumatic Stress Disorder), con recurrentes episodios de depresión y revisualización del crimen.

Investigadoras feministas (Burt, 1980; Ussher, 1997) atribuyen esta tendencia social a la victiminización secondaria a una serie de mitos sobre la violencia sexual reproducidos y reforzados aún hoy, como sucede con la publicidad "Maéstrame". Se trata de falsas creencias, estereotipos y prejuicios sobre los roles del víctima y del violador. Podemos mencionar por ejemplo la creencia de que la mujer provoque con su comportamiento o su apariencia la violencia, porque en realidad la desea. La idea que concibe a la violación como una expresión diferente de la sexualidad por lo que las consecuencias no deberían ser negativas. La pretensión de que las mujeres víctimas de violación deban demostrar lo sucedido con claras marcas físicas, porque de otro modo no es considerada contra su voluntad. Por último la creencia de que el violador es generalmente un hombre con problemas mentales o un desadaptado social, cuando en realidad los datos demuestran lo contrario.

La trampa de la violencia
Reconocer la violencia y salir de ella es un proceso difícil, aún mas duro debido a los modelos de feminidad y masculinidad que nos propone nuestra cultura y que inducen a una relación entre los géneros que es todo menos ecuánime. La posesión y el poder, vistos como modalidad de relación continuamente reforzada, influyen sobre nuestro sentido de identidad, la percepción de nuestro mundo fenomenológico y nuestro comportamiento cotidiano.
La experiencia de las operadoras y psicólogas de los centros anti-violencia, como SOS DONNA de Faenza, nos demuestra cuan grande es el esfuerzo necesario para recrear un espacio que permita a la mujer reapropiarse de su propia vida. Mucha la fuerza necesaria para "nombrar" la violencia, es decir reconocerla, una conquista que llega solo después de mucho tiempo, considerando la magnitud y la duración de las heridas que ésta provoca.
Para cualquier mujer encerrada en los laberintos de la violencia, alcanzar a tomar distancia, juzgar por si misma, tomar conciencia de la objetividad de la violencia, definir objetivos y trazar estrategias eficaces para una vida libre de violencia, hace parte de un largo y arduo proceso. Si se tomara más conciencia, si fuera verdaderamente reconocido por la sociedad, nos detendríamos mas seguido a reflexionar. Y tal vez si vamos por la carretera y leemos en un cartel publicitario "Maéstrame", disminuimos la velocidad, nos paramos, y aunque mas no fuera por algunos segundos, pensamos en una estrategia de resistencia y denuncia para poner en práctica.

Derivado de: Appunti del corso di formazione per volontarie di SOS Donna, Principi importanti per intervenire contro la violenza alle donne, Faenza, 2008; SOS Donna, Regione Emilia-Romagna, Comune di Faenza, Manuale contro la violenza alle donne. Linee guida per le Forze dell'Ordine, Faenza, 2008; Appunti del corso di formazione per volontarie di SOS Donna, La violenza nella coppia, Faenza, 2008; Appunti del corso di formazione per volontarie di SOS Donna, La violenza come problema sociale, Faenza, 2008; Anja Hirdman, Mirrored masculinity? Turning the perspective of sexualization and representation around, in "NIKK magasin - Nordic Institute for Women's studies and gender research, Sexualization of Public Space", vol. III, Norway, 2004; Doherty K. e Anderson I., Talking about rape: perpetuating rape supportive culture, in "The Psychologist", London, 1998; Burt M., Cultural myths and support for rape, in "Journal of Personality and Social Psychology", vol. 38, 217-220, anno 1980; Ussher J, Fantasies of femininity: reframing the boundaries of sex, London, Penguin, 1997.