la newsletter de Yilania, n° 0 sep.-dic. 2008

3. el cuerpo

3.1 De la exploracion de subjetividades a los viejos estereotipos

Aún al día de hoy se percibe una gran confusión en las mujeres cuando intentan definirse a si mismas. El ejercicio de la autodeterminación, oscurado por el contínuo e hiperestimulante flujo de mensajes que recibimos de todos los medios posibles de comunicación y tecnologías del "saber", ha dejado de ser una elección deseada como tal vez lo fué en décadas anteriores. La revalorización de la sexualidad femenina y de la libertad de elección parecen confundirse con los viejos conocidos modelos de conyugalidad e modelos corpóreos obsesionados con el control y la delgadez. La aspiración más grande de una muchacha de dieciseis años es convertirse en modelo. Tal vez sea necesario sentarse a reflexionar una vez más sobre lo que está sucediendo.

¿Cuál es la relación entre sexo y género?
Las conquistas de las mujeres en la historia, según la historiografía de género, no deberían ser interpretadas como una finalidad en si mismas, sino mas bien comprendidas desde la óptica de una "evolución del sistema de género (gender system)". Esto quiere decir que el sistema representacional, que funciona como contenedor y procesador del conocimiento propio de una cultura específica, moldea y determina en forma dinámica los modelos de feminidad y masculinidad disponibles para los miembros de dicha cultura. La relación entre los géneros, la relación feminidad-masculinidad, no pueden ser por ende atribuidos exclusivamente a un factor natural, sino más bien a dinámicas que tienen lugar en la sociedad.

Fué Gayle Rubins, antropóloga feminista, que en la difícil tarea de aclarar la relación entre sexo y género escribió en el 1975 The Traffic in Women: notes on the Political Economy of Sex. El suyo es análisis cross-cultural y teórico con amplitud de acción que resalta como cada sociedad desarrolla un "sistema sexo/género", donde la "materia prima" del sexo humano es moldeada por los seres humanos que viven e interactúan en una sociedad. Para Rubins "el sexo es sexo", pero el modo en que éste se vive, se comenta o se interpreta es determinado culturalmente.

Sin embargo, el postulado "el sexo es sexo" ha sido cuestionado eficazmente por Michel Foucault en su Historia de la Sexualidad (1979). Sin caer en ingenuos relativismos, lo que Foucault ha sacado a la luz es que lo que consideramos Verdad o Error ha sido transformado y se transforma, a veces radicalmente, en el transcurso de la historia y que estas transformaciones hacen parte de la misma historia de prácticas como la medicina, la ciencia y la ley.

Por lo tanto disociar el sexo del género es una empresa como mínimo arriesgada. Pensar que el sexo es puramente "natural" y el género su transformación en cultural, nos impide reconocer como estas dos categorías sean determinadas culturalmente ya que se refieren a los distintos modos de concebir y vivir las relaciones interpersonales y los cuerpos. Sexo y género están íntimamente conectados y a veces hasta se confunden.

En el uso cotidiano del lenguaje, la palabra "sexo" hace referencia a nuestros deseos, mientras que "género" se refiere mas bien a aquellas prácticas culturales que nos permiten expresar en forma socialmente aceptable estos deseos. En su libro Gender Trouble: feminism and the subversion of identity del 1990, Judith Butler define el género de la siguiente manera:

"una identidad tenazmente constituida en el tiempo, instituida en el espacio externo a través de la repetición estilizada de actos. El efecto del género es producido mediante la estilización del cuerpo y, por lo tanto, debe ser entendido como un modo banal con el que gestos corporales, movimientos y estiles de vario tipo constituyen la ilusión de un imperecedero "gendered self" o sujeto con género [ndr. traducción realizada por Carolina Oro]".

Más allá de las posiciones dicotómicas y hacia "identidades fluídas"
La fragilidad del género, su temporalidad sujeta a contínua transformación, nos conducen a pensar en términos de identidades fluídas que se identifican con distintos modelos de "masculinidad" y "feminidad". Pero esta misma fluidez, que implica concebir el género como elección, no siempre es bien recibida por las personas, que por lo general intentan conciliar lo inconciliable tejiendo generalizaciones y prejuicios. El rechazo de este conocimiento que nos permite elegir es el rechazo de la libertad de explorar las posibles formas de ser persona en el mundo.

Un pensamiento linear y dicotómico nos obliga a razonar en términos de categorías complementarias y/u opuestas, tanto en la relación masculinidad-feminidad como dentro de la misma categoria de feminidad que hace una división neta entre rubias y castañas, madres y prostitutas, blancas y negras, heterosexuales y lesbianas, ricas y pobres.

Estas modalidades de pensamiento basadas en la pertenencia a categorías, nos han llevado, por ejemplo, a concebir a las mujeres como naturales portadoras de virtudes como la empatía y el cuidado de los otros, y a la maternidad como su eje primordial. Sin duda estas "virtudes" han sido estimuladas y exigidas por la sociedad en la historia, trazando los límites no solo simbólicos sino concretos en la vida de las mujeres. Pero ésto ha sucedido a despecho de una concepción de la subjetividad femenina más amplia e inclusiva.

En los tiempos más fervientes de los movimientos de mujeres, que en los años '60, '70 y '80 del Novecientos obtuvieron el reconocimiento de derechos humanos que ahora damos por hecho y que entonces fueron objeto de una árdua lucha, se hablaba seguido de auto-determinación. Se hablaba también de Sujetos, de Personas, y no solo de hombres-mujeres binariamente contrapuestos, no obstante la necesidad de analizar y hacer visible esta contraposición.

Imaginemos un mundo donde la relación interpersonal no fuera una relación de poder asimétrica sino una basada en el respeto de la diversidad y en la igualdad de derechos. Este espacio, este vacío, que nos llevó con la discusión de estereotipos a la experimentación de nuevas y posibles subjetividades, duró poco.

La longevidad de los estereotipos de género

Ya en los años '90 comenzó la "re-genderization", el retorno a los géneros, es decir, la producción masiva a través de los medios de comunicación de estereotipos de género. No géneros distintos, repensados, recreados, más libres; solo la repetición de los viejos modelos que todos conocemos en en apariencias distintas. Y así hoy nos encontramos, como dice Loredana Lipperini, en el volúmen Ancora dalla parte delle bambine del 2007, con "super hembras y super machos aparentemente y alegremente inconcientes del rol al que parecen querer adherir en permanencia, sin el deseo de jugarse y experimentar como, por un largo momento, parecía posible [ndr. traducción realizada por Carolina Oro]".

Caminando por las calles de cualquier ciudad, nos encontramos por todos lados con imágenes de mujeres y hombres que por exceso terminan volviéndose parte de nuestro sistema de representaciones, de nuestro imaginario colectivo. Se ven mujeres semidesnudas, con gestos de presa, simulando poses propias de la pornografía, y hombres hiper musculosos listos para la caza de hembras. "La pornografía transmigra en los medios", afirma Philippe di Folco que ha escrito en el 2006 el Dizionario della pornografia. Los talk-show y las telenovelas, sostiene Tancrede Ramonet, han asimilado su dispositivo principal: "la trivialidad de la situación, la impudicia de quien se exhibe y la indecencia de la mirada del voyeur [ndr. traducción realizada por Carolina Oro]".

Pero no hay que preocuparse, dicen las chicas de Sex and City que afirman que el feminismo está fuera de moda, que es obsoleto. Las mujeres no necesitan enojarse, reflexionar, alarmarse. No, las mujeres ahora son "poderosas como los hombres porque capaces de despedir un subordinado con el mismo cinismo, usar la carta Amex negra y, justamente, consumir sexo en manera considerada masculina [ndr. traducción realizada por Carolina Oro]".

Quizás sea ese, justamente, el mensaje que para mujeres adultas y adolescentes está resultando cada vez más dificil decodificar: la creencia de que la exhibición desenvuelta del propio cuerpo, tal como sucede en este periodo histórico marcado por el consumismo neoliberal y por la mercerización de la imagen del cuerpo, sea una manifestación de libertad y auto-determinación.

Derivado de: David Glover & Cora Kaplan, Genders, London, Routledge, 2000; Loredana Lipperini, Ancora dalla parte delle bambine, Milano, Feltrinelli, 2007.